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domingo, 20 de julio de 2025

Volver al ritmo (sin correr)

Estamos a día 20 del mes… y esta es solo la segunda entrada que escribo en julio. Lo noto, lo reconozco. He perdido el ritmo.

Hasta hace poco, escribir cada semana era parte de mi rutina, un hábito sencillo y valioso: los domingos me sentaba a escribir, y desde ahí salía lo que quería compartir. Me ayudaba a ordenar ideas, a escucharme, a mantenerme conectado conmigo mismo y también con quien está al otro lado leyendo. Lo disfrutaba, me aportaba, pero ese ritmo se ha ido difuminando.

Sin embargo, no me fustigo, no me castigo, no me culpo por no haber escrito más este mes. Me hago una pregunta más útil: ¿por qué dejé de hacerlo? ¿Qué cambió, en mí o a mi alrededor? ¿Y quiero retomar? La respuesta es sí. Por eso escribo esta entrada: no para ponerme al día con lo que no escribí, sino para volver a empezar.

Es como cuando has dejado de ir al gimnasio durante un tiempo. Al principio cuesta volver. Te das cuenta de lo bien que te hacía cuando ibas, de lo que has perdido sin darte cuenta. Pero tampoco se trata de hacer en dos días lo que no has hecho en un mes. No es cuestión de correr ni de exigirse en exceso, casi seguro que si empiezas demasiado fuerte te vas a lesionar, además de perder la motivación y la fuerza para seguir. Se trata de volver con amabilidad. De reencontrar el disfrute en lo que haces. De recordar que esto te sienta bien.

Volver al gimnasio después de un tiempo cuesta. Especialmente el primer día
Hoy escribo porque quiero. Porque escojo continuar. Porque sé que esto me hace bien.

Y si tú también has perdido algún ritmo, algo que te sienta bien, te dejo algunas ideas sencillas que hoy me estoy dando a mí mismo:

  • Vuelve poco a poco. No hace falta compensar todo de golpe. Haz algo pequeño hoy.
  • No empieces desde la culpa, sino desde el deseo de estar bien.
  • Busca el disfrute, no solo el resultado.
  • Sé constante, no intenso. La intensidad se agota rápido; la constancia puede sostenerse.
  • Encuentra tu ritmo, no el que “debería” ser, el tuyo. Ese que te va.

Recuperar el ritmo no es volver al punto exacto en el que lo dejaste. Es abrir un nuevo espacio, parecido, pero no igual. Y, sobre todo, saber que siempre puedes volver. Sin prisa. Sin presión. Como quien vuelve a casa.

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martes, 21 de enero de 2025

Enganchado a las notificaciones, por miedo a perderme algo

Como muchas personas yo también me hice con una pulsera inteligente, que te informa de los pasos que has dado, cuanto has dormido y en la que además puedes ver si te llega un correo electrónico, un WhatsApp, alguna notificación en Facebook, LinkedIn o en otras muchas aplicaciones. Avisa de cuando sucede algo en tu mundo electrónico con una vibración.

No me daba cuenta de cuanto vibraba la pulsera hasta que se rompió la correa y la dejé a un lado. He recuperado mi Casio de toda la vida, el F91W que ya es mítico, con su reloj, alarma y cronómetro tengo más que de sobra.

Esto me ha permitido darme cuenta de mi relación con la pulsara. Cada vez que vibraba, ya automáticamente, sin pensarlo, miraba para ver que tenía para mí. Sin darme cuenta andaba con FOMO (Acrónimo de Fear Of Missing Out en inglés), miedo a perderme algo. Sentía incomodidad si estaba en una situación en la que vibraba y no podía mirar.

Era un adicto, o supongo que lo sigo siendo, si me pongo otra vez la pulsera enseguida volveré a los antiguos caminos conocidos, dejándome arrastrar por cada vibración, por cada toque de atención. Esto me dejaba con menos foco, con distracciones constantes que secuestraban mi atención y me desviaban de lo que quería hacer.

Esto se llama adicción, quizá a ti también te pase, cuando haces de manera automática, sin darte cuenta, algo que no te sienta bien. En este caso, consultar constantemente cuando cualquier aplicación a la que le das permiso te envía una notificación.

También la semana pasada he leído el libro “Enganchado (hooked)” de Nir Eyal. Donde se explica como las empresas tecnológicas crean productos que forman hábitos, que nos enganchan. Forman el hábito de que volvamos una y otra vez. Un hábito es una especie de adicción.

Los hábitos se disparan por un estímulo externo o interno. Nir explica como inicialmente necesitamos estímulos externos como puede ser la vibración de la pulsera que hace que consultemos el móvil, después ya aparecen los internos que nos llevan sin necesidad de vibración, por ejemplo, te vas para tu red social favorita ante el menor sentimiento de aburrimiento (esto es señal de enganche).

El disparador acaba generando ansiedad si no llevas a cabo la acción, el comportamiento con el que estás anticipando la recompensa. La recompensa puede darse o no con el comportamiento, varía, y eso engancha todavía más. Hay veces que la notificación te lleva a algo que te agrada o te interesa, otras veces es simple despiste.

Los productos están creados para generarnos compulsión, para que automáticamente respondamos a lo que nos piden. La pulsera es una vía para que nos lancen su publicidad, su anzuelo, y nosotros picamos sin cesar y sin darnos cuenta del precio que pagamos. Al menos eso me ha pasado a mí.

Dicen que el primer paso para salir de la adicción es darse cuenta, por eso que se rompa la pulsera ha sido un regalo que me deja más foco y atención para lo que realmente quiero. Tener notificaciones constantes es como tener a alguien esté entrando por tu puerta cada poco tiempo, rompiendo tu concentración al comentarte algo corto.

De momento me quedo con mi reloj clásico. Echo de menos la pulsera, pero no tanto como pensaba. Seguro que tardo más en contestar al WhatsApp, pero no es tan grave. Lo miro menos veces y eso me deja más tiempo para estar con los que están cerca y haciendo lo que escojo hacer en cada momento. La pulsera me restaba presencia y yo ni me daba cuenta (o un poco sí, pero no quería prestarle atención).

 

Lanzo una nueva edición presencial en Burgos del curso de gestión de tiempo, gestión de vida. Si quiere apuntarte serán 8 lunes, de 18 a 20, empezando el 3 de marzo. Más información en el siguiente enlace

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viernes, 13 de diciembre de 2024

El poder invisible de los hábitos

Hace unos días, mi hijo Juan me hizo pensar, como logra muchas veces. Cuando le recordamos que debía estudiar puso como excusa que le costaba ponerse y su madre le dijo que a ella también le costaba hacer la comida, así que estaba pensando en no hacerla.

Ante esto contesto: “Yo no estudio porque no tengo el hábito, pero tú haces la comida porque tienes el hábito de cocinar. Es fácil para ti”. Vamos, que

“Los hábitos nos lo ponen fácil”

Este domingo por mi parte estaba lejos del ordenador y no escribí la entrada para el blog que tengo costumbre de escribir ese día de la semana. Me dije, ya lo escribo el martes, cuando vuelva a casa y ya estamos a viernes. Perdí el hábito de hacerlo cuando acostumbro y de esta manera me ha costado más.

Me quedé pensando la respuesta de Juan. Por un lado, tenía razón: hacer algo con regularidad lo vuelve más sencillo. Pero también había algo que él no veía: detrás de cada hábito que parece “fácil”, hubo un inicio que seguramente no lo fue.

De la lucha inicial (de estudiar) a la fluidez. Con hábito cuesta menos

Al principio cuesta, y con fuerza de voluntad, la repetición se convierte en rutina y la rutina en hábito. Además, si no quieres romper la cadena de repeticiones, que es como romper una racha, eso te impulsa a continuar. Por mi parte ya está cerca el final de año, el objetivo de una entrada a la semana está al alcance de la mano, eso me motiva los días que a pesar del hábito me cuesta, o como esta semana que he roto el hábito.

Lo que Juan todavía no ve del todo es que crear un hábito requiere superar la resistencia inicial. Es un proceso incómodo, lleno de intentos fallidos y muchas ganas de rendirse. Pero una vez que se establece, es como si el hábito tomara las riendas y el esfuerzo desapareciera.

La ausencia de hábito tiene su coste. Sin la costumbre de estudiar ponerse resulta un desafío, te enfrentas a una montaña de resistencia interna.

Una vez que el hábito está en marcha, aparece la "magia de la inercia". No necesitamos convencernos de hacerlo; simplemente lo hacemos. Ese estado fluido es lo que hace que sea “fácil”. No es magia, es práctica acumulada.

Los hábitos nos facilitan la vida; son el puente entre lo que cuesta mucho y lo que un día hacemos sin esfuerzo. Si algo parece imposible hoy, recuerda que quizás lo único que necesitas es empezar, paso a paso.

La diferencia está en la práctica repetida y la constancia. El poder de empezar, aunque sea con un pequeño paso.

Aprovecho para recomendar un libro que Juan ha pedido a los Reyes: “Hábitos atómicos” de James Clear, que se ha hecho popular entre los adolescentes y no tan jóvenes. Guía de como pequeños cambios, sostenidos en el tiempo (hábitos), cambian radicalmente nuestros resultados

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miércoles, 20 de julio de 2022

Para conseguir tus objetivos no hay misterios: plan y ejecución

Hace ya tiempo, en mi primer curso de la Universidad, viendo el resultado del examen de física, me sorprendí, esperaba más nota. Creía que era la asignatura que más había estudiado y era la de peor nota.

Empecé a apuntar cuanto estudiaba, cuantas horas dedicaba a cada asignatura. En los siguientes exámenes se repitió el resultado, la peor nota la de física y yo seguía pensando que era a la que más horas había dedicado.

Ahora tenía datos y al analizarlos la realidad era muy distinta. Había dedicado el doble de horas a cálculo, algebra o química que a física. Los resultados reflejaban las horas dedicadas en realidad, no lo que yo suponía que había dedicado.

La mente nos juega malas pasadas a veces. Me gustaba más la química, el cálculo y el algebra y menos la física. Me costaba menos ponerme con lo que me gustaba y mucho más con la física. Los ratos que pasaba estudiando física se me hacían más largos, así que pensaba que pasaba más horas.

Mis horas de estudio el 3 y 4 de abril de 1992 (ya ha llovido - 30 años)
Al final no hay misterios, si quieres aprender de algo y que eso lo reflejen los exámenes, hay que echar horas. Como dicen en Argentina, horas-culo, horas con el culo pegado a la silla, horas de estudio que al final dan sus frutos. Al final aprenderás a estudiar, irás avanzando y cada vez costará menos.

No hay misterio, si quieres tener un cuerpo de gimnasio, lo que tienes que hacer es ir al gimnasio y echarle horas. Si quieres aprender inglés, pues dedicar tiempo al inglés; mejor si puedes ir a un país de habla inglesa e interaccionar con nativos.

Si te sorprenden tus resultados, tanto para bien como para mal, analiza que es lo que estás haciendo. Lo que haces habitualmente construye tus hábitos, tus hábitos te llevan a tus resultados, no hay misterios.

No hay misterios, tres pasos para conseguir los resultados que quieres, tus objetivos:

  1. Saber lo que quieres (tener claro el objetivo, el resultado perseguido);
  2. Definir cómo conseguirlo (Plan);
  3. Hacer lo que tienes que hacer (La ejecución repetida y constante genera el hábito).

Los hábitos permiten automatizar la ejecución, que podamos hacerla ya sin pensar y con menos esfuerzo. No gastamos fuerza de voluntad, que es limitada.

lunes, 16 de mayo de 2022

Un buen comienzo allana el camino

Ayer estaba en una formación, comenzamos con un paseo por la montaña. Un paseo tranquilo, de una hora y media, disfrutando de la naturaleza y de un estupendo día de primavera, en buena compañía.

Muchos lo pueden ver como una pérdida de tiempo, algo poco productivo en una formación. A mí me conecta, me sirve para estar más presente el resto del día, para mí es un buen comienzo.

El comienzo de la jornada marca el resto del día. Un buen comienzo tiene más posibilidades de llevarnos a un buen día; un mal comienzo nos puede llevar a un mal día.

¿Cuántas veces empiezas corriendo porque no llegas? Especialmente si es lunes, que suele marcar también el comienzo de la semana. Si al comienzo ya te falta tiempo, puedes arrastrar esa falta de tiempo el resto de la jornada.

¿Qué es un buen comienzo? Para cada cual será distinto. Tengo un compañero de trabajo que solía empezar el día calzándose las zapatillas y saliendo a correr, a las seis de la mañana, tanto en invierno como en verano.

Estoy seguro que no todos los días es fácil levantarse pronto y salir a correr, así que esa rutina la perdió. Un día, tomando café, me lo comentó y le dije ¿Por qué no vuelves a correr? La respuesta fue automática, cuesta levantarse tan pronto, todavía de noche y salir a correr.

Lo entiendo, mi rutina no me lleva a levantarme a las seis y correr. Lo único que le dije “Bueno, has dicho que te sentaba bien y que desde que no corres tienes menos energía”. Con eso retomo su rutina y parece que le sigue sentando bien.

Zapatillas preparadas para salir a correr. Empezar bien el día

¿Cómo te sienta bien empezar? Puede ser estirar un poco, hacer un poco de ejercicio, meditar, leer un rato, un buen desayuno tranquilo. Cada uno tiene que encontrar su manera, encontrar la rutina que te sienta bien.

Puedes estar pensando. Eso suena bien, pero siempre voy con prisa por la mañana, así que no tengo tiempo. Bueno, pues es tu tiempo, puedes decidir dormir un poco más, en lugar de hacer lo que te sienta bien, es tu decisión. O puedes probar a hacer aquello que crees que te sienta bien una temporada y ver cómo vas de energía, ver que tal va tu día con ese comienzo.

A mi me siente bien estirar por las mañanas, un poco de yoga (20 minutos) y un poco de meditación (10 minutos), respiración tranquila, sintiendo cómo estoy, que es lo que me preocupa, que en general no es tan importante.

Me ayuda a tener un buen día haber hecho la lista de lo que quiero-tengo que hacer. Me aclara, me enfoca, me da sensación de control. Tengo el hilo que guía a lo largo del día, aunque después puedo cambiar el plan, al fin y al cabo, ese plan es mío.

Con el hábito es más difícil que te despistes, es más fácil repetir y evitar que se te pase la mitad de la jornada sin darte cuenta. Los buenos hábitos llevan a buenos resultados, a estar satisfecho con lo que pasa.

Darte el tiempo para un buen comienzo. Empezar en el momento adecuado, levantarte con tiempo. Cómo dice el dicho “A quién madruga, Dios le ayuda”. Aunque también hay que descansar lo suficiente “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Encontrar tu ritmo, tu rutina, lo que te sienta bien.

Cada día es un nuevo comienzo, cada día puedes escoger cómo empezar, si lo que hiciste ayer no te fue bien, puedes cambiar. Hoy puede ser estupendo.

Elige lo que te siente bien a ti para comenzar el día, empieza de esa manera y es probable que el día vaya bien.

domingo, 20 de diciembre de 2020

El secreto para conseguir resultados

En este mundo de la inmediatez, donde todo lo queremos para ya, hace dos semanas escribía sobre la paciencia y la constancia para llegar donde queramos. La energía la podemos encontrar en el propósito, en la meta clara, en un objetivo donde encontrar motivación, el motivo para la acción.

A veces esa constancia supone sacrificio y esfuerzo, acompañados de fuerza de voluntad. Otras veces parece más fácil, hay un secreto para conseguir la constancia necesaria.

Quería escribir una entrada en el blog todas las semanas y encontré mi rutina de domingo por la mañana: Al levantarme me ponía a escribir lo que me había venido rondando por la cabeza durante toda la semana. Resultaba fácil, casi automático, el sábado me venían muchas ideas a la cabeza y el domingo escogía sobre qué escribir.

Ahora, la rutina ha cambiado, el domingo por la mañana vamos al monte. Me levanto, me calzo las botas de montaña y nos vamos a respirar aire puro y a disfrutar del almuerzo. Un hábito que también me encanta.

De repente se hace más difícil escribir la entrada el blog, ahora supone esfuerzo, no tiene su hueco automático y tengo que buscárselo. Las ideas no avanzan solas. Cuando sabía el momento en el que iba a escribir, era como si cuerpo y mente se preparasen automáticamente.

Si quiero seguir escribiendo semanalmente puedo dejarlo a encontrar el momento y poner fuerza de voluntad cada semana o encontrar el mismo espacio de tiempo todas las semanas (día y hora), para que se convierta en rutina y funcione casi solo. Poner esfuerzo las primeras semanas para que después funcione en automático.

Ayer oía hablar a Nadal de las rutinas para sacar cuando juega al tenis, algunos lo pueden llamar manías. Dice que esas rutinas solo las tiene cuando compite, que ayudan.

Rutina de Rafa Nadal. Tomado de sextoanillo.com

Las rutinas y los hábitos son casi sinónimos. Nos llevan por un camino, en una dirección, casi sin darnos cuenta. En algunos casos nos ayudan y en otros nos pueden perjudicar, sobre todo si nos llevan al exceso.

Dicen que un hábito necesita de 21 repeticiones para establecerse. Es una gran mentira, que a base de repetirse parece verdad. Lo cierto es que cuando repetimos algo, con cada repetición, la siguiente resulta más fácil. Con el tiempo lo convertimos en parte de nosotros.

Si me acostumbro a leer todos los días antes de acostarme me costará dormir si no leo. Si me acostumbro a correr todos los días, el día que no corro me duelen las piernas, es su forma de decir que falta algo.

Las rutinas, los hábitos, pueden ser difíciles de establecer. Lo más difícil es empezar. Después continuar resulta más fácil. La inercia hace que después sea difícil frenar, dejarlo.

La primera ley de Newton, la ley de la Inercia, dice que todo cuerpo continuará en su estado de reposo o movimiento rectilíneo uniforme a no ser que se le aplique una fuerza que le haga cambiar de estado. Como los cuerpos de Newton tenemos inercia, nos mantenemos en nuestras rutinas a no ser que hagamos algo para cambiar.

La clave está en el comienzo, aplicar la fuerza de voluntad inicial suficiente para empezar a movernos o cambiar de hábitos. Escoger los hábitos que nos convienen, empezar y con cada repetición nos costará menos seguir.

Ahora que llega el nuevo año, que seguro vendrá acompañado de buenas intenciones, regálate buenos hábitos, que te hagan más fácil tener una buena vida.

Los hábitos nos evitan tener que hacer con esfuerzo y tener que decidir en cada momento que hacer. Nos llevan a la meta pudiendo disfrutar del camino, sin desgastar la fuerza de voluntad, que es limitada.


Te deseo un 2021 lleno de buenas rutinas.

domingo, 29 de noviembre de 2020

Puntual: Llegar a tiempo, con tiempo, sin tiempo o a destiempo

El reloj y el calendario miden el tiempo y nos ayudan a coordinarnos con otros. Nos ayudan a poder organizarnos y programarnos, sabiendo a qué hora sale el autobús y lo que tarda podemos planificar mejor (si vivimos en un entorno donde el autobús llega puntual).

Cada uno tiene su concepto de puntualidad. Para uno puede ser llegar antes, otro piensa que es llegar a la hora y un tercero considera que se debe dar un margen de 5, 10 o 15 minutos.

Encontramos al estricto, que no se puede relajar, intransigente con el tiempo. Por otra parte, el que, aunque lo intenta, nunca llega a la hora, siempre con una “razón” para llegar tarde. El que se retrasa siempre tiene una excusa.

Quizá ambos descontentos si se tienen que encontrar. El inflexible, enfadado por tener que esperar, por todo lo que ha dejado de hacer para ser puntual, sintiendo que le roban el tiempo. Y el que llega tarde, por el conflicto que supone si el primero se lo recrimina o porque se pregunta por qué siempre llega tarde.

La impuntualidad de unos condiciona al resto. En un entorno donde sobra el tiempo quizá no es tan importante. Cuando hay “demasiado” o “mucho” que hacer, va penalizando otras cosas.

Para poder ser puntual hay que percibir el paso del tiempo, hay que saber cuánto lleva aproximadamente una actividad o desplazamiento. Si calculamos con demasiado optimismo, estimando que tardaremos menos de lo que habitualmente se tarda, llegaremos tarde. El mejor truco para llegar pronto es salir pronto, para terminar pronto es empezar pronto.

Impuntualidad y prisa van de la mano. Dibujo de Sofía Fontaneda

Es difícil planificar un día cuando dependes de otros que no son puntuales. Puede pasar, por ejemplo, si un día tienes que ir al médico, aunque te dan una cita para una hora determinada, nunca estás muy seguro de si el horario se va a cumplir y de cuánto tiempo va a llevar. De esta forma ya te condiciona el resto del día.

El retraso en una actividad se va arrastrando a las siguientes. Para no arrastrar los retrasos puedes añadir un cierto margen. Puede que te resistas a añadir un margen porque te parece una pérdida de tiempo, si es así selecciona algo que podrías hacer si tienes ese tiempo, aunque no lo vas a hacer si no lo tienes (si después te empeñas en hacerlo, aunque no tengas margen, volverás a ir retrasado).

El que llega tarde hace “perder” el tiempo a los que llegan puntuales, si es que le esperan. A veces, no hay otra opción, hay que esperar al impuntual. O visto de otra forma, siempre cabe no esperar y aceptar las consecuencias, incluso aunque sea el jefe.

En grupo la impuntualidad se puede convertir en hábito. Soy profesor, si empiezo la clase dos días cinco minutos tarde enseguida esos cinco minutos se convertirán en la norma. La única forma de que esto no ocurra es mantener cierta tensión, empezar puntuales a pesar de los rezagados. Lo mismo pasa con las reuniones en la empresa o entre los amigos. El impuntual hace perder el tiempo a los puntuales.

La impuntualidad es contagiosa, cuando empezamos tarde por un impuntual un encuentro habitual, poco a poco la impuntualidad se irá contagiando, cada vez serán más los impuntuales, sabiendo que ser puntual no importa en este caso.

Sabiendo que la reunión siempre empieza 15 minutos tarde, que nadie va a llegar puntual, pues tampoco tú llegas a la hora fijada. La reunión empieza como siempre, puntualmente 15 minutos tarde. Y si te sigues empeñando en llegar a la hora dedicarás 15 minutos a socializar o a cualquier otra cosa. Ya se pierde suficiente tiempo en reuniones como para empezarlas tarde.

También la puntualidad es un hábito. Si empezamos a la hora todos lo saben y actúan en consecuencia. Me encantaba ir a comer a casa de mi abuelo, allí siempre se comía a las 3, estuviese quien estuviese, el que fuese llegando ya comería lo que quedaba. Todos lo sabíamos y actuábamos en consecuencia.

Llegar con tiempo muestra la importancia del encuentro o del asunto. Ser puntual es señal de aprecio y respeto, es valorar el tiempo propio y ajeno.

Algunas ideas:

  • Empezar a la hora. Es regla de cortesía para con los puntuales, en lugar de guardar un tiempo de cortesía para el que llega tarde.
  • Un truco casi infalible para llegar pronto es salir pronto. Si salimos tarde, podemos intentar solucionarlo corriendo y no siempre funciona.
  • La puntualidad y la impuntualidad son hábitos. Aunque para ser puntual alguna vez hay que ejercitar la fuerza de voluntad y hacer un esfuerzo.
  • El impuntual no va a cambiar porque nosotros queramos. Podemos aceptarlo y adaptarnos. También podemos dejar de esperar y aceptar las consecuencias de seguir adelante sin el que se retrasa.

domingo, 14 de junio de 2020

Un millón de pasos (1.000.000) comienzan con un primer paso


¡Un millón de pasos parecen muchos (1.000.000)! Al menos he dado esos pasos en los últimos 100 días y el número va en aumento. El día 1 de marzo, hace más de tres meses, empecé dando 10.000 pasos diarios, los que recomiendan en distintos sitios y lo que comenzó cómo una idea se ha convertido en un hábito.

Teniendo en cuenta que ya han pasado más de 100 días y que no he fallado ninguno, pues la multiplicación es fácil (100 días x 10.000 pasos/día = 1.000.000 pasos).

La frase de Lao-Tse “Un viaje de mil millas comienza con un primer paso” no es tan difícil de superar, aunque mil millas suenen a mucho. Elige el viaje que quieres hacer y empieza por dar el primer paso. Después mantente dando pasos.

Casi seguro llegarán momentos de cansancio, de desgaste, como refleja el desgaste de los zapatos de la foto. Llegará el momento de cambiar de zapatos y continuar. Para seguir puedes encontrar la energía en un “para qué” del camino o simplemente en el disfrute de cada día, de cada paso, disfrutar de la actividad de caminar en sí misma. Es posible disfrutar del esfuerzo.

Mi zapato desgastado por más de un millón y medio de pasos (Junio 2020)
Las dos claves: empezar + continuar una vez que has empezado, mantener la constancia, la velocidad positiva, como dice mi amigo Mario Sánchez, la formula dice que espacio = velocidad x tiempo, lo que quiere decir que, si mantienes velocidad positiva, con tiempo, siempre llegas.

Y una vez que te pones, una vez que llevas ya 10.000, ya que estás, pues a menudo sigues. Has vencido la barrera de la pereza, la dificultad de empezar y seguir es más fácil. De hecho, ahora que llevamos dispositivos que lo miden todo, pues resulta que la media diaria que he hecho es de 15.000 pasos/día, así que son un millón y medio de pasos (1.500.000 pasos), casi las mil millas de Lao-Tse.

Lo pongo en cifras, con sus ceros, porque refleja a la cantidad tan grande que se puede llegar una vez que empiezas y mantienes la constancia. Es cómo el cuento de la liebre y la tortuga; la tortuga tarda pero siempre llega, va avanzando poco a poco.

Una vez encontrado el hábito, los espacios, resulta fácil mantener la constancia, el cuerpo te va llevando. Ahora ya hay unas horas en las que camino y esas horas están ahí para eso.

El Coronavirus ha ayudado, ha traído nuevos hábitos, y la suerte de estar en un país donde he podido salir a pasear (el cambio de circunstancias suele cambiar la forma de vivir). Espero mantener el hábito ahora que llega la “nueva normalidad”, esa nueva normalidad que escogemos cada uno de nosotros.

¿Qué camino quieres recorrer? ¿Qué millón de pasos quieres andar? Escoge tu camino y empieza a caminar. Y si no tienes claro el destino que sueñas, igual si tienes claro por dónde quieres empezar a andar, la senda se irá abriendo ante ti, con cada paso irás viendo más claro el siguiente.

viernes, 11 de marzo de 2016

El poder de la constancia

He estado hablando con una persona que quiere perder peso, lleva tiempo intentándolo y no lo consigue. Fue a una endocrina para perder peso y que cuando vio que la endocrina estaba gorda decidió no hacer mucho caso, es como si un calvo te vende crece-pelo. Me ha dicho que va a probar unas pastillas recomendadas por una amiga, que además cuestan una pasta y me pregunta qué opino.

Las pastillas no son de las que recetan los endocrinos, con lo que coincidimos en que igual no es buena idea, nunca sabes que efecto pueden tener a largo plazo (ni siquiera a corto plazo). Afortunadamente las pastillas van acompañadas de ejercicio y dieta y el tratamiento dura tres o cuatro meses (el ejercicio y la dieta pueden marcar la diferencia)

Estoy convencido que en esos cuatro meses bajará de peso. El precio de las pastillas ayudará a mantener la motivación y la constancia para hacer ejercicio y comer de forma más saludable. Incluso los días que no apetezca hacer deporte y apetezca más darse un atracón. Quizá las pastillas solo tengan efecto placebo.
Foto de jmacpepe
Creo que la respuesta está en la constancia, en proponerte un objetivo, tener un buen porqué para ir a por ello y trazar un plan que te lleve hacia la meta. Después sólo queda la perseverancia para mantenerte en el plan y estar cada día un paso más cerca del objetivo.

He escuchado a Francisco Alcaide (@falcaide) decir que las dificultades están para distinguir los que dicen que quieren conseguir algo de los que realmente lo quieren. No todos los días apetece lo mismo, no siempre cuesta lo mismo, si realmente quieres conseguir el objetivo encontrarás fuerzas para mantenerte en el camino para conseguirlo.

Lo difícil es empezar, después es más fácil mantener los buenos hábitos. Hacer deporte de forma regular durante la semana te va a costar las primeras semanas si no hacías deporte, al cabo de dos meses si no haces ejercicio el cuerpo te va a pedir que te muevas. La constancia crea los hábitos para sea más fácil seguir, la clave es crear buenos hábitos.

Adelgazar también tiene que ver con el tiempo. Si acostumbras a comer rápido y estás 30 minutos comiendo comerás más que si comes más despacio. Un buen ejercicio para comer menos es apoyar el tenedor o la cuchara cada vez que te llevas un bocado a la boca.

Por otra parte la señal de que estamos llenos, de que hemos comido lo suficiente, tarda en llegar unos 15 minutos al cerebro. Si comes rápido puedes ingerir muchas calorías en esos 15 minutos. Por eso recomiendan parar de comer antes de sentirnos llenos.

En algunos casos tenemos que estar dispuestos a ir en contra de nuestra educación. Puede que nos hayan educado a acabarnos el plato, aunque ya estemos llenos. Puede que nos hayan empujado a comer el último filete para que no sobre ¿Cuál es el problema de guardarlo para mañana?

En resumen:
  • Ponerse objetivos y encontrar un buen porqué para conseguirlos (si tienes el por qué encontrarás el cómo).
  • Diseñar el plan para conseguir el objetivo.
  • Constancia para seguir el plan. La perseverancia hace cambiar malos hábitos por buenos (dieta, comer despacio y ejercicio).
  • Darse cuenta y cambiar creencias que nos limitan (acabarse el plato).
  • Hacer público el objetivo puede ayudar.

Los que me conocen saben que tengo cierto sobrepeso, así que este artículo puede hacer algo de gracia. Voy a aprovecharlo para hacer público el objetivo de bajar a 92 kilos este año 2016. El hacer público los objetivos ayuda a conseguirlos, así no tienes que soportar la vergüenza de no cumplir.

Si conoces a alguien con sobrepeso le puedes enviar el post, en los comentarios podéis hacer públicos vuestros objetivos para el 2016. En esta caso mejor objetivos de medio-largo plazo.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Las oposiciones, una carrera de fondo

Las oposiciones son una carrera de fondo en la que no siempre se ve el final, las fechas no están siempre determinadas y van pasando los meses e incluso los años sin que aparezca la convocatoria.

Cuando la convocatoria se anuncia próxima o ya se plantean las fechas para las pruebas, todo el mundo se pone a correr. El que haya empezado a andar antes tendrá algo de ventaja.

Estamos en tiempo de oposiciones, muchos años con plazas congeladas y quizá las elecciones próximas animan a consolidar puestos de trabajo. Me tocan cerca las oposiciones de enfermería, así que este post va dedicado a las enfermeras y enfermeros, especialmente a quién me ha pedido que escriba un post sobre el tema.

Lo primero es conseguir buenos materiales para estudiar, tener claro el temario, aprender de los que ya han pasado por las oposiciones y ordenar el material. En muchos casos merece la pena invertir en comprar el material y apuntarse a unas clases que nos ayudan a mantener el ritmo.

Buscar el entorno de estudio adecuado, en casa preparar una buena mesa, con una silla adecuada y buena iluminación. Un atril puede prevenir dolores de espalda. Puedes establecer más de un sitio para satisfacer la necesidad de cambio, en ocasiones espacio compartido en una biblioteca donde sientes que no eres el único que está estudiando.

Planifica lo que vas a estudiar en los próximos meses, marcando donde tienes que haber llegado cada semana. Revisa semanalmente si cumples con los objetivos, tanto de avance en la materia como de horas previstas de estudio.

Para empezar coger ritmo de estudio diario, 6 días a la semana puede ser adecuado para descansar uno. Igual que si llevas tiempo sin correr al principio puede costar correr 7 minutos en poco tiempo podrás ir aumentando. Para ir entrenando la concentración puede venir bien la técnica Pomodoro explicada en un post anterior.

La clave suele ser la disciplina, también conocida como constancia o perseverancia. Las dificultades están ahí para distinguir a los que dicen que quieren de los que realmente quieren ¿Realmente quieres sacar la oposición? No te engañes y no te pongas excusas, cada día planificado hay que cumplirlo. Si pones la excusa “por un día no pasa nada” volverás a caer más días y se puede convertir en rutina el no cumplir contigo. Si algún día no te apetece ponerte emplea el truco de los cinco minutos, lo que suele costar más es empezar.

“La constancia es la madre del éxito”

Encuentra tu ritmo: Un buen ritmo puede ser 45 minutos de estudio y 10 de descanso durante 3 horas y media (sacas tres horas de estudio), un par de horas de descanso y repetir el proceso.

Estabilidad: estudiar a las mismas horas y a las mismas horas todos los días, coger una rutina-hábito de estudio hace más fácil avanzar. Esto es difícil para las enfermeras que trabajan a turnos y cada día es único. La recomendación es estabilidad según el turno, planificar las horas de estudio como parte del turno, además de planificar el descanso en el ciclo.

En el siguiente gráfico planteo un ejemplo de cómo ajustar el estudio para un turno de los llamados “anti-estrés”: dos mañanas, dos tardes, dos noches, salida de noche y tres días libres. Cada quién deberá ajustar el estudio a su turno de trabajo.
Ejemplo ajuste horas de estudio para oposición y trabajo a turnos
Busca un grupo de apoyo, más gente en tu misma situación, que te entienda y que tenga el mismo ritmo y tiempo que tú. Te ayudarán en los momentos duros, que los habrá.

Descansa adecuadamente, duerme lo suficiente, no te olvides de hacer ejercicio. Y simplifica tu vida, seguro que hay muchas cosas que pueden esperar, aunque no aparques las importantes. Puedes planificar un día de descanso en el ciclo y plantearlo como un premio si has cumplido el resto de los días.

Revisa si vas avanzando según lo previsto. Si no cumples lo planificado o las horas de estudio no cunden pregúntate porque para poder poner solución. Si cumples date algún pequeño premio, gominolas o chocolate puede ser suficiente.

Cree que puedes. Estudia para sacar la oposición, si no crees en ti el mundo no va a creer en ti. Si no crees que puedes aprobar no estudiarás con el mismo espíritu. Decía Henry Ford “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estás en lo cierto”. Esta máxima se cumple en todos los ámbitos de la vida.

Un extra si tienes hijos, el más difícil todavía, buscar el apoyo de la pareja, demás familia y próximos. Los hijos también son una carrera de fondo y no vale con ir dando esprines, probablemente sacar la oposición adelante es algo bueno para ellos y para la pareja, ahí puedes encontrar motivación.


El trabajo constante se irá acumulando como los granos de arena de la playa y habrás hecho lo posible para el gran o fatídico día, suerte y disfruta por el camino. Aunque no se de bien siempre te quedará lo aprendido y tendrás un trecho avanzado para la próxima ocasión, aunque nunca se sabe cuándo pasará el próximo tren.

miércoles, 8 de julio de 2015

La puntualidad es una cuestión de hábito

La puntualidad es cuestión de hábito, habitualmente llegan tarde los mismos, se llega tarde a los mismos sitios o en determinados entornos siempre se empieza tarde.

Esta mañana salíamos de viaje 25 personas, una ha llegado 10 minutos tarde y el autobús ha estado esperando, nada del todo extraño, 10 minutos no es mucho tiempo, de lo más normal. Curiosamente es una de esas personas que suele llegar tarde, si apostases quien va a llegar tarde apostarías por ella.

Si todos fuésemos puntuales podíamos haber quedado 10 minutos más tarde y habríamos salido a la misma hora. La consecuencia aparente es que se la ha esperado 10 minutos, otra forma de verlo es que cada uno la ha esperado 10 minutos, por 24 personas son 240 minutos, cuatro horas de espera (menos mal que estaba repartido, la cantidad de cosas que se podían haber hecho en cuatro horas).

Como contamos con que alguien llegará tarde vamos dando margen, para poder esperar, lo que se convierte en tiempos perdidos y en el mejor de los casos en tiempo en el que socializar, si esperamos acompañados.
Puntualidad del Ave - Foto de Asterep
La misma regla aplica en las reuniones, por uno que se retrase hay muchos que esperan. Además se puede convertir en costumbre (hábito) el empezar 15 o 20 minutos más tarde, con lo que ya no se sabe a qué hora ir y todos nos vamos retrasando sistemáticamente esos minutos. Con lo que se acaba convocando a las 10 para empezar a las 10:20.

Es como cuando nos queremos hacer trampa para llegar pronto y adelantamos 5 minutos el reloj, en un par de días ya nos hemos hecho a la idea de que el reloj está 5 minutos adelantado y lo único que conseguimos es hacer cuentas, sumar o restar 5 minutos, llegando igual de tarde que cuando lo teníamos en hora.

La fama precede a los tardones, los españoles tenemos mala fama en puntualidad y en ocasiones podemos pagar las consecuencias. En una ocasión tuve que trabajar con un holandés en un proyecto, quedamos en Amsterdam y el primer día llegó 15 minutos tarde, lo repitió el segundo día, con otros 15 minutos de retraso y cómo disculpa dijo que en España se solía empezar 15 minutos tarde. Le respondí que en España empezábamos 15 minutos tarde cuando quedábamos con holandeses, que ahora entendía porque siempre llegaban 15 minutos tarde, no volvió a retrasarse. Me había dolido más lo que dijo de los españoles que los 15 minutos de retraso.

En el cole de mis hijos dan mucha importancia a la puntualidad, lo que me alegra porque les generará el hábito de ser puntuales. Entran a las 9 y se cierran las puertas hasta las 9.30, así que cómo padre sabes que si llegas tarde te tocará esperar hasta esa hora para que pueda entrar el retrasado. Un buen aliciente.

En su campaña de puntualidad tienen un cartel de la revista “maestro infantil” que dice, ser puntual es
  • …ser considerado con el que espera.
  • …valorar el tiempo propio y el ajeno.
  • …un gesto de aprecio y respeto.
  • …la mejor forma de demostrar que ese encuentro será importante

La puntualidad nos ayuda a programarnos. Si no sabemos si el tren llegará tarde (o demasiado pronto) nos es difícil poder comprometernos a llegar a una  hora. Si no sabemos a qué hora empieza la reunión difícilmente sabremos a qué hora va a acabar, con lo que no sabemos a partir de qué hora podremos estar en otra actividad.

La impuntualidad es la madre de la prisa, el origen está en salir tarde con lo que ya adelantamos que llegamos tarde y tendemos a apresurarnos. Se puede ser impuntual con las personas y con las cosas que tenemos que hacer para una fecha determinada. El origen es el mismo y tiene una fácil solución.

Para llegar pronto (puntuales) el truco es salir pronto. Si sueles llegar siempre 15 minutos tarde, el truco está en salir 15 minutos antes. Si sueles acabar tarde, el truco es empezar antes y no parar demasiado por el camino.

Si los impuntuales son los demás, tienes libertad de esperar o no, podéis empezar la reunión a la hora y así romper con el hábito de empezar tarde (al principio puede costar). Muchos agradecerán la puntualidad.

Manda esta entrada aquellos que crees que la pueden necesitar, que no son muy puntuales, a los que sueles esperar. También esperar es un signo de lo que lo aprecias…

miércoles, 27 de mayo de 2015

Ley de la cosecha

En un par de generaciones hemos perdido gran parte de nuestra conexión con la naturaleza. Mis abuelos eran agricultores, estaban conectados con la tierra y entendían bien las leyes naturales, la vida les iba en ello.

Una de esas leyes universales es la ley de la cosecha, hay que sembrar para poder recoger. Además no es automático, no vale solo con sembrar, existe todo un proceso. Este proceso va en contra de la cultura del pelotazo, hay que dar tiempo para que la semilla crezca y poder recoger los frutos.

Cada fruto tiene su periodo de crecimiento y maduración, una cosa es sembrar trigo y otra distinta es plantar un cerezo. En un caso nos puede permitir recoger en un periodo más corto y en otro en un plazo más largo, también durante más tiempo.
Cosecha de quinoa - foto de Mariano Mantel
Antes de nada hay que preparar la tierra, como hace el caballero con suerte que consigue el trébol de cuatro hojas en el libro “La buena suerte” de Alex Rovira y Fernando Trías de Bes. Buscar la tierra adecuada, prepararla para cuando llegue la semilla.

Una vez preparada la tierra y en el momento adecuado toca sembrar y sembraremos según lo que queramos recoger, si quieres recoger tomates no sembrarás patatas.

Cada semilla, cada planta, necesita sus cuidados, regar lo necesario, quitar las malas hierbas. Según lo que sembremos y lo que queramos recoger habrá momentos en los que tengamos que tener mayor dedicación y emplearnos con disciplina, no vale con regar hoy para todo el mes, hay que ir de forma progresiva.

Y tenemos que estar atentos para recoger en el momento oportuno, cuando la semilla ha madurado. La cosecha también puede suponer dedicación, disciplina y esfuerzo.

Quien convive con agricultores sabe que no siempre que se hace el trabajo se recoge, no siempre que se siembra y se pone empeño la cosecha es buena, dependemos de fenómenos que no controlamos, como que haga calor o frío, de que hiele en el momento menos oportuno.

A pesar de estas componentes menos controlables es casi seguro que si no siembras no recogerás y que sembrando incrementas tus posibilidades de recoger, tanto o más cuanto mejor conozcas el proceso de lo que siembras y cuanta mayor disciplina apliques.

Para conocer cómo sembrar y llegar a una buena cosecha lo mejor es preguntar a los que ya lo han hecho. Vamos pasando nuestros conocimientos de una generación a la siguiente, lo que nos ha permitido ir aprendiendo cada vez más, apoyándonos en los que vinieron antes que nosotros. Aprovecha este conocimiento que ya está ahí.

Somos responsables de lo que recogemos, si no te gusta lo que recoges mira a ver qué es lo que has sembrado (y cómo has cuidado lo que has sembrado). Sirve para resultados académicos, en las relaciones con los demás, en el trabajo que tienes y en todos los aspectos donde busques un resultado. Somos responsables de nuestra vida y dependiendo de lo que siembres hoy recogerás mañana.


¿Qué es lo que estás recogiendo? ¿Qué quieres recoger? ¿Cuál es el proceso? Paciencia, que la semilla crezca lleva tiempo, y disciplina, no todos los días apetecerá ir a cuidar la tierra ¿Qué vas a sembrar y recoger?

El periodo de crecimiento puede ser largo y en algunos casos puede parecer que no está sucediendo nada. La naturaleza tiene sus reglas y son reglas a respetar.